Dr. Strange, supera las expectativas, Marvel lo hace otra vez…

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Sin ser una apuesta tan arriesgada como Los Guardianes de la Galaxia —prácticamente desconocidos fuera del mundo de las viñetas—, el traslado de Dr. Strange a la pantalla grande representaba un reto importante para los estudios que este año lograron el favor de la crítica y del público con su Capitán América: Winter Soldier.

Y es que, a pesar de que durante los últimos años había funcionado a la perfección cómo secundario en las macrosagas, la creación de Stan Lee y Steve Ditko también se había convertido en el acartonado personaje producto de una anacrónica mezcla que puso diversos elementos sobrenaturales, al servicio del arquetipo clásico del superhéroe, con un selecto grupo de seguidores, pero muy poco arrastre. Sin embargo, podemos decir que esta nueva superproducción no sólo supera la prueba y cumple con las expectativas, sino que además inaugura con éxito la nueva ramificación fílmica del universo Marvel, dedicada a sus personajes relacionados con la magia, la hechicería y las aventuras de tintes místicos.

Esto se debe entre otras cosas al buen quehacer del director Scott Derrickson, quien aquí vuelve a dejar en claro su enorme habilidad a la hora de equilibrar géneros y temáticas distintas, como lo hiciera con El Exorcismo de Emily Rose, y de paso —contando con la sutil pero delineada interpretación de Benedict Cumberbatch—, se da el lujo de convertir al viejo Doc, en un tipo lo suficientemente cool como para suceder a Iron Man, que ya se ve cansado a la hora de cargar con la etiqueta del “patán encantador”.

La trama que por supuesto evidencia diversos cambios con respecto a la fuente original, aunque todos bien encaminados hacia un concepto congruente con el universo al que pertenece, nos cuenta cómo , un neurocirujano petulante y egocéntrico, sufre un percance que le afecta el control de sus manos, imposibilitándolo para seguir ejerciendo, pero empujándolo a un autodescubrimiento, que terminará por convertirlo en el poderoso hechicero responsable de proteger a la tierra de amenazas sobrenaturales y otras.

La propuesta visual saca provecho de los alcances técnicos que un gran presupuesto le permite tener, y ofrece secuencias espectaculares —como en la genial escena del accidente que da origen a todo—, además ofrece otras que se nutren directamente de las clásicas ilustraciones que sobre el Dr. Strange, realizaron los genios Jack Kirby y Steve Ditko, plagadas de juegos geométricos, con visiones fragmentadas y perspectivas imposibles.

Finalmente no podemos dejar de referirnos al villano interpretado por Mads Mikkelsen, actor de alto nivel que a pesar de que al igual que Rachel McAdams, se siente un tanto desperdiciado, le aporta mucha fuerza interpretativa a una película que como vehículo de entretenimiento y pieza de una maquinaria fílmica mayor.

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